lunes, 23 de julio de 2012

Los indecisos siempre deciden


Existen muchas y muy claras diferencias entre los dos procesos electorales presidenciales que por el resto del año mantendrán la atención del escenario político internacional. Desde el propio sistema de elección, a las normas que rigen la campaña, a las propuestas de los candidatos, así como las realidades de Estados Unidos y Venezuela.

Mientras, por ejemplo, las propagandas televisivas en nuestro país están fuertemente reguladas y controladas por las autoridades electorales, en Estados Unidos la norma dicta que los canales de televisión tienen prohibido no transmitir un espacio que haya sido comprado por los comandos de los dos principales candidatos. Los medios no pueden censurar las propagandas en televisión, sea cual sea su contenido.

Así como en Venezuela, el candidato de la oposición intenta contrarrestar el amplísimo poder económico y mediático del presidente en funciones, en el norte es el candidato-presidente el que solicita, casi ruega, a sus seguidores que donen más y más dinero a su campaña, ya que su oponente está obteniendo más recursos. En junio, Obama recaudó 72 millones de dólares, por los más de 100 que obtuvo en donaciones el Republicano Mitt Romney.

Como estos ejemplos, muchos más dan cuenta del contraste entre una sociedad y otra, su cultura política y democrática. Sin embargo, a menos de tres y cuatro meses de las jornadas electorales (7 de octubre y 6 de noviembre), Capriles y Chávez, Obama y Romney, tienen una misión en común: conquistar a los indecisos.

Se les puede llamar ni-ni, independientes, no alineados, se les puede criticar por no mantener una postura firme o no estar al tanto de lo que ocurre en su país, o más bien alabar por no ser ciegos fervientes de una tendencia. Sea cual sea la opinión del lector, es este pequeño grupo de ciudadanos el que decidirá estas dos elecciones. Y ese rol no es algo novedoso.

Principalmente en democracias tan polarizadas como la estadounidense o la venezolana, en donde dos partidos, candidatos o tendencias dominan prácticamente todo el espectro político, se da la situación de que cada grupo tiene en torno a un 40% del electorado a su favor. Un 40% que no se moverá, que tras tantos años de debates, peleas y situaciones de tensión y polarización, no va a cambiarse de lado de un momento a otro, y su voto se quedará con su candidato, a pesar de que éste pueda no convencerlo del todo.

Tal mínimo de 40% para cada bando se ha dado en Venezuela desde el Referéndum de 2007, y en las presidenciales de Estados Unidos se repite desde 1976 (a excepción de 1992 cuando hubo un tercer candidato). Entonces, la casi totalidad de las personas que se movilizan en las calles, que debaten en los medios tradicionales o en Internet, o que mantienen intensas discusiones políticas en su casa o en reuniones con amigos, son parte de ese 80% que tiene su voto bastante claro. Por lo general son votantes ideológicos o partidistas, que se identifican claramente con lo que respaldan y/o rechazan abiertamente lo que propone el bando contrario.

Fuera de este grupo mayoritario queda el grupo decisivo. Ese aproximado 20% que por lo general (aunque está claro que no siempre), no sigue demasiado la política, que se enfoca en sus asuntos personales, en su día a día y rechaza los agotadores debates partidistas. También están ahí los que tanto en Venezuela como en Estados Unidos están decepcionados con todas las opciones y ven que “son más de lo mismo”, y que gane quien gane “no va a cambiar nada”.

Ese grupo, tan torpemente criticado por algunos fervientes opositores en Venezuela que a través de Twitter dicen “con todo lo que ha pasado ¿cómo puede haber indecisos?”, es al que los candidatos están intentando conquistar. Son ellos los que de alguna manera necesitan todos estos meses de campaña, de eslóganes, de pancartas y de recorridos para convencerse, primero de ir a votar, y segundo de votar por el candidato que intenta ganárselos.

Por eso es que el ni-ni no puede ser el foco del rechazo y la rabia de chavistas u opositores ni de demócratas o republicanos, sino el público clave a conquistar. Porque, como dijo un reconocido comediante televisivo de Estados Unidos, serán esas personas que luego de una larga cola para pedir comida llegan frente a la caja y todavía no saben qué ordenar, las que decidirán el futuro de 28 millones de venezolanos y 310 millones de estadounidenses.

viernes, 4 de mayo de 2012

Sarkozy y la derrota del extremismo


Todo apunta a que este domingo, Nicolas Sarkozy será derrotado en las elecciones presidenciales de Francia. Así lo han señalado las encuestas desde hace meses, y ni la campaña electoral ni los resultados de la primera vuelta parece que van a cambiar el vencedor definitivo.

No era trabajo fácil para Sarkozy vender a sus ciudadanos que su trabajo al frente de la Republica ha sido exitoso, pero además, considero, no ha usado la mejor estrategia para hacerlo.

El actual presidente francés radicalizó su discurso desde que comenzó su campaña a la relección. Sabía que la extrema derecha, con Le Pen como líder, tendría un importante respaldo, y se lanzó a su búsqueda.

Tras la primera vuelta, el 18% de los votos obtenidos por el extremista Frente Nacional demostró que fue poco lo que Sarkozy le pudo robar y sin embargo, el candidato de la UMP siguió su conquista de la extrema derecha.

La cuenta matemática parecía darle razón: sumando los porcentajes de “Sarko” y Le Pen en la primera ronda se llega cerca del 50% (45,08% para ser exactos) de voto necesario para continuar al frente de Francia. Pero la cosa no es tan simple.

No sólo los votos por lo general no se trasladan automáticamente de un candidato o partido a otro distinto, sino que Le Pen, el Frente Nacional y la extrema derecha no son un movimiento político cualquiera.

Más allá de su aparente xenofobia y discurso anti inmigración y "euroescéptico", el 18% de votantes que respaldó a este grupo está harto. Harto del sistema, harto de la democracia representativa, harto del estado de bienestar, harto del dominio de Bruselas (y de Berlin) sobre la gloriosa republica francesa. Está harto de Sarkozy, de su partido, de Hollande, de Bayrou y de cualquier otro representante del sistema dominante.

Así pues, era esperado el llamado de la abanderada de la extrema derecha, Marine Le Pen a la abstención en la segunda vuelta. Su supuesta cercanía ideológica con el actual presidente no quiere decir que sea el siguiente que más le agrade, ya que para ella y sus seguidores, él también es culpable de la realidad en la que está sumido su país y el continente entero.

Sarkozy parece haberse equivocado al buscar su triunfo en un sector del cual solo recibirá un ligero respaldo, y abandonar por completo un territorio mucho más provechoso y amplio como es el centro (que trasciende del 9% que votó por Bayrou, candidato del partido de centro).

François Hollande, un socialista moderado y poco llamativo recibirá los votos de toda la izquierda y de todo aquel que espera algún cambio en el país, venga del centro o incluso de la derecha moderada, molesta con el giro radical de su actual mandatario.

Todo apunta a que el lunes habrá nuevo presidente de la Republica de Francia, y Merkel tendrá un compañero de baile distinto, y algo más incómodo, con el cual negociar y acordar de ahora en adelante el futuro económico de Europa.

martes, 28 de febrero de 2012

La oposición y sus partidos

Si bien es cierto que la discusión política de momento se centra en torno a la enfermedad del presidente y toda la incertidumbre que rodea el entorno oficial, creo que es importante que la oposición siga haciendo su trabajo, como lo ha venido haciendo, y se enfoque en su propia estructura, preparándose para los distintos escenarios que se aproximan.

Las primarias fueron precisamente la confirmación de tal actitud: la oposición planificó y ejecutó el trampolín ideal para alcanzar la presidencia de la República, sin prestar atención a amenazas, insultos, desprestigios y demás, colocando esta elección como punto clave en la agenda, sin que eso implicara el abandono de otros espacios (aunque la actitud en la AN no fue la correcta).

Por eso creo justo hacer una valoración de qué dejaron los resultados para los liderazgos y (aunque no hubiera tarjetas) para los partidos políticos.

Decir que el 12F fue la sepultura de Acción Democrática y COPEI es, cuando menos, una exageración. Si sólo se ve la imagen global del candidato presidencial y los candidatos a gobernadores, es claro que AD sufrió y mucho, empezando por el pecado original de admitir que no había en sus filas ningún líder lo suficientemente fuerte como para ser nominado a la presidencia.

Luego, sin duda que le dolieron las derrotas de importantes liderazgos regionales, la mayoría diputados, que cayeron ante viejos camaradas, ahora independientes o fundadores de proyectos pequeños. Fue tal el caso en Cojedes, Apure y Monagas, al menos.

Sin embargo, viendo las letras pequeñas, se nota que AD sigue siendo fuerte en donde una buena organización y una ‘maquinaria’ dan frutos. En más de sesenta municipios el vencedor para la candidatura a la alcaldía fue un miembro de la tolda blanca, muy por encima de cualquier otra formación. Ahí el punto clave del partido que dirige Ramos Allup para la oposición: sigue fortalecido en zonas donde oposición tiene pocos ojos, donde no penetra la fuerza mediática, y donde la adscripción a un partido sigue siendo importante.

Algo similar, y de manera sorprendente, ocurrió con Copei. Un partido que vive una larga crisis, dividido y casi intervenido por el TSJ, logró hacerse con dos gobernaciones y unas treinta alcaldías, manteniendo su hegemonía en la región andina, y gran relevancia en Falcón y Aragua.

Caso distinto es el de Primero Justicia. No cabe duda que los aurinegros mantienen el más constante aumento entre las filas opositoras desde las elecciones regionales de 2008, y su fuerza en Miranda, Caracas, Aragua y algunas zonas de Anzoátegui es muy importante.

Pero de ahí a formar (como partido) una organización fortalecida a nivel nacional hay mucho trecho. Las alrededor de 40 alcaldías (no son cifras oficiales) ganadas por simpatizantes de PJ hablan más del liderazgo de Capriles y sus claves alianzas en las regiones, que de la propia fuerza del partido. Esto se demuestra a nivel estadal: Ocariz y Mardo son los únicos candidatos propios de PJ que resultaron vencedores, por otros seis más abanderados del Comando Tricolor.

Y es que el verdadero vencedor del 12F fue el liderazgo de Capriles, propio de un país con organizaciones políticas todavía muy resquebrajadas, pero con amplia penetración mediática y ávida de liderazgos personales. Las características propias del gobernador de Miranda sumadas a sus estratégicas alianzas con ‘caudillos’ regionales como Velázquez, Lippa, Graterol y Henri Falcón, lo consolidaron como figura nacional y no dejaron lugar a dudas sobre el nuevo liderazgo que asoma en el país.

Esto, si bien importantísimo impulso de cara al 7 de octubre, podría no ser suficiente si no se acomoda ese problema de base que es la todavía muy débil estructura partidista existente en la oposición. No se trata de construir desde cero un gran partido político en este momento, sino en consolidar lo que funcionó, tanto en el Comando Tricolor, como en las zonas (muchas de ellas pequeñas poblaciones) que ganaron AD o COPEI, o el dominio que siguió mostrando UNT en el Zulia.

Esa organización y movilización que se resume en ‘la maquinaria’ será fundamental para un resultado positivo en la presidencial, más allá de la salud del presidente Chávez.

viernes, 10 de febrero de 2012

Ganadores y Perdedores

Las elecciones primarias de este domingo tienen varias características particulares. Serán un acontecimiento casi inédito en el país, por tratarse de la escogencia de los abanderados de una de las agrupaciones políticas de Venezuela, en la que podrán participar todos los ciudadanos, y serán también unas primarias (probablemente) con una participación por encima del promedio que se ve en este tipo de eventos alrededor del mundo.

Para la oposición serán el punto más alto en un trabajo progresivo de al menos cuatro anos, en el que ha estado consolidando la Mesa de Unidad Democrática, órgano vital para poner orden en más de una decena de partidos con ideologías, liderazgos, puntos de vista y formas de acción muy diferentes.

Para el país será también fundamental tener, quizás por primera vez en mucho tiempo, a un ‘contra líder’, un verdadero vocero de la oposición, cuyas declaraciones sean la ‘opinión oficial’ de esa amplia parte de la población que quiere algo distinto al chavismo, y que detrás de él o ella agrupan sus esperanzas e ilusiones para generar cambios políticos.

Ahora bien, cualquier resultado electoral deja siempre muchas consecuencias. Obviamente, quien triunfe será el máximo vencedor, sobre quien caerán amplísimas responsabilidades y seguramente también un lugar en la historia del país. Sin embargo, entre los vencidos puede haber también grandes triunfos.

Todo apunta al triunfo de Henrique Capriles Radonski, por lo que si al final no es él el vencedor de las primarias, sufriría una dolorosa derrota e iniciaría un camino lleno de incertidumbres. Claro que si su derrota se diera en el marco de una baja participación popular, en el que la aparentemente mágica maquinaria de AD y UNT fuera protagonista, la derrota de Capriles sería una derrota moral para la propia idea de las primarias, y daría un vencedor con cierta ilegitimidad, ya que sería el abanderado para competir contra Chávez, sin ser realmente el favorito de la oposición venezolana.

Si se da un triunfo de Pablo Pérez con alta participación, producto de una remontada no vista por las encuestas, sería sin duda él y sus partidos los grandes potenciados con este proceso, reivindicando la presunta mala imagen de la ‘vieja política’, y las ideas socialdemócratas que tantos anos dominaron en el país.

Una derrota de Pérez con un porcentaje significativo, debería darle a él el empujón para reclamar a lo interno de su partido su relección como gobernador, por encima de las pretensiones de antiguos líderes de ascender a Eveling Trejo. Una derrota de Pérez con un bajo porcentaje de voto, o peor aun, un tercer lugar, aniquilarían cualquier mito de las maquinarias de AD y UNT, y dejarían a Pérez casi en un limbo, ante el ascenso de otros liderazgos jóvenes y una derrota a lo interno de su partido.

Para María Corina todo será triunfo, excepto un porcentaje de voto por debajo del 10%. Es una líder relativamente nueva en el escenario político, que ganó por sorpresa las primarias para ser diputada y ha logrado protagonismo desde el Hemiciclo. Con un 10-15% de respaldo mantendría su fuerza dentro de la oposición, y lideraría la voz de un importante sector de clase media profesional.

Para Arria y Medina la derrota es casi una certeza. Sus triunfos están descartados, y si se cumplen los pronósticos y obtienen un bajísimo respaldo, será otra demostración (la más contundente quizás) de que el país está harto de la confrontación y el radicalismo, y de que el mundo opositor ha evolucionado de la confrontación en sí misma, a la proposición para conseguir una Venezuela diferente.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Cuatro caminos y una calle ciega

El debate de los precandidatos presidenciales de la Mesa de la Unidad Democrática dejó buen sabor de boca a gran parte de la población venezolana. En un mismo espacio y ante los medios de comunicación, cinco líderes políticos pudieron expresar ideas, planes y visiones sobre el futuro próximo del país, sin la necesidad de insultarse o desacreditarse unos con otros.

Si bien la interacción entre ellos fue mínima, la audiencia pudo apreciar un país diferente al que ahora tenemos. Pudo observar a personas con opción de dirigir los destinos de Venezuela, hablar sobre los problemas que interesan a la población, en discursos poco ideologizados, con cierta concreción y sin esquivar la dura realidad.

Ahora bien, a pesar del buen desempeño de María Corina Machado o del desgano con el que noté a Leopoldo López (para mi extrañeza), lo que más me sorprendió del Debate14N llegó sobre el final, y luego de él.

A Diego Arria le tocó presidir el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, dirigir sesiones de este poderosísimo organismo, enfrentarse con líderes mundiales y situaciones de guerra. Aun así, desde poco después del inicio del Debate lo noté perdido, con poquísimas propuestas, diciendo algo que todos sabemos: el país está mal y estará mal tras la salida de Chávez y hay que arreglarlo, sin apenas dar detalles del cómo arreglarlo.

Su cierre, y podría decirse su único plan para esa noche, nos devolvió a los momentos más oscuros del mundo opositor en estos casi 13 años. Arria no le habló al país, le habló a una sola persona. Arria no dio un mensaje de esperanza, dio un mensaje de retaliación. Arria hizo lo que más se le critica a la oposición (desde la propia oposición, desde el chavismo o desde el sector "ni-ni"): dejar en el ambiente la idea de que su prioridad es atacar a Chávez y no proponer una Venezuela después de Chávez, unir a sus seguidores "en contra de" y no "a favor de". Arria, por unos segundos, nos devolvió a la Plaza Altamira, al fraude, a los insultos en los medios, y a la búsqueda de atajos que han atornillado a Chávez en el poder, y de los que tanto ha sufrido la oposición para apartarse.

Por supuesto que más lamentable aún que el intento de un gran diplomático por darse a conocer en la carrera presidencial, fue la ovación recibida (en un salón repleto de jóvenes) por Arria tras proferir la amenaza de llevar a Chávez a La Haya.

El Movimiento Estudiantil, pionero en el cambio de visión que ha tenido el país sobre la oposición, y promotor de esta genial iniciativa de Debate, contribuyó a aupar al diplomático (asumiendo que en el Aula Magna de la UCAB había gran cantidad de universitarios) y colocarlo en el centro de la Opinión Pública generada tras el evento del 14 de noviembre.

A estas alturas y con tanto camino transitado, la amplísima mayoría de la oposición debe seguir promoviendo la tolerancia, el discurso amplio y las visiones sobre un mejor país que han venido divulgando Pablo Pérez, María Corina Machado, Henrique Capriles, Leopoldo López, y tantos otros dirigentes y partidos políticos desde que la cordura tomó el volante del liderazgo opositor, y debe aislar los radicalismos que sólo buscan llamar la atención, porque bien sabe Diego Arria que el camino a La Haya es, la mayoría de las veces, una calle ciega.

domingo, 16 de octubre de 2011

Los caminos de los Indignados



Cientos de miles de personas toman las calles de diversas ciudades de España. No es un movimiento nuevo, ni una situación extraña en este 2011. El llamado movimiento 15M (por 15 de Mayo, fecha de su primera gran demostración) permanece con vida y con fuerza cinco meses después de su aparición.

Tal ha sido el impacto de los “Indignados” que este sábado pudieron integrar manifestaciones a nivel mundial, en protesta por la situación económica y política actual.

A los manifestantes les sobran fuerzas, les sobran motivos, les sobran ideas. Incluso les sobran propuestas (a pesar de lo que muchos líderes han querido hacer creer lo contrario), y curiosamente éste parece ser su principal obstáculo.

Con una movilización tan poderosa y unas elecciones a la vuelta de la esquina, la clase política de cualquier país podría sentirse amenazada ante el surgimiento de esta “fuerza popular”, pero no es el caso de España y sus Indignados. El domingo los periódicos titulan tanto a la numerosa protesta, como a las más recientes encuestas de los comicios del próximo 20 de noviembre: el bipartidismo sumará 75% de los votos, y el conservador Partido Popular apunta a conseguir una victoria histórica.

Y es que quienes se movilizaron el sábado en todo el planeta tienen un objetivo: cambiar el mundo, nada menos. En Madrid muchos gritan por el fin de la monarquía, otros por el enjuiciamiento de los banqueros, la globalización de los Derechos Humanos, el fin de la Unión Europea. Envían mensajes a sus políticos: “le llaman democracia y no lo es”, “PSOE, PP, la misma mierda es”, “no nos representan”.

Al final quieren una “democracia real”, la cual luce tan compleja como el final de la noche en Puerta del Sol (epicentro de la manifestación): unos pocos miles que aún permanecen no pueden decidirse entre acampar en la plaza, ir a la sede de una televisora local, debatir en los pasillos de la principal universidad de la ciudad o rodear el Congreso de los Diputados.

Los Indignados no se sienten representados, pero de momento parece que tampoco quieren estar representados. La abstención es una de las consignas más gritadas, y por lo que dicen las encuestas, será una de las propuestas más tomadas en cuenta por quienes hoy se sienten molestos.

Jóvenes, adultos y ancianos pasan horas debatiendo importantes temas del acontecer nacional e internacional, lucen informados de política, economía y diplomacia pero no quieren tener voceros, ni caras conocidas. Quieren una democracia que al día de hoy no existe (y que a ellos mismos les cuesta ejecutar), y su meta de “cambiar al mundo” no tiene todavía los pies con los cuales establecerse.

A pesar de esta calle ciega, pecarían (y ya pecan) los dirigentes políticos y económicos españoles, europeos y mundiales que no presten atención a estas movilizaciones. Que la meta luzca borrosa cinco meses después del surgimiento de un movimiento multitudinario no implica que sus quejas vayan a desaparecer, mucho menos con el nivel de preparación que buena parte de los Indignados pareciera tener.

Si bien sobran las banderas republicanas, las camisas del Che Guevara y las pintas hippies, los 15M, Democracia Real Ya, Indignados, Occupy Wall Street y demás, no son un grupo de desadaptados en mal camino. Son las expresiones de miles de personas que simplemente no se sienten bien con el presente, y no vislumbran ningún futuro. Saben el qué, sólo que de momento no saben el cómo.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Un año de vuelta a la institución

Ya pasó un año del día en que por primera vez en mucho tiempo, y aunque no lo quisieran, los dos grandes bandos del país se vieron cara a cara y no pudieron quitarse del camino. Más allá de pataleos, insultos e intentos de desconocimientos verbales, el 26 de septiembre se demostraron varias cosas. Que la oposición en Venezuela tiene un peso enorme y específico (más del 50% en votos y más de 40% en la Asamblea) y que el chavismo, por más recursos que derroche y amedrentamiento que lance es derrotable en una elección nacional.

También demostró que el chavismo sigue siendo un contendor importantísimo y que cientos de miles de venezolanos aprueban los consejos de Chávez, aun cuando éstos no gusten.

También confirmamos que los resultados pueden ser creíbles, que la expansión de testigos por todo el país puede dar certeza a una paridad muy amplia, pero que aun así el CNE es un triste organismo parcializado que intenta suavizarle las malas noticias a su jefe de facto.

El 26 de septiembre de 2010 la oposición volvió al sitio que le corresponde, y del que nunca debió salir. El Parlamento es por excelencia el sitio donde gobierno y oposición (en cualquier parte del mundo y en cualquier época) se encuentran, se critican, se dicen verdades, se acusan mentiras, y también se ponen de acuerdo para sacar a un país adelante.

Lamentablemente este último punto se ha dado muy poco en la actual Asamblea Nacional, pero el sólo hecho de sentar entre cuatro paredes a decenas de oficialistas y opositores de alto calibre, tanto en comisiones como en plenaria, ha resultado un importante paso para la institucionalidad de Venezuela.

Más allá de las críticas que se le pueden hacer al chavismo en su manejo del Poder Legislativo (que son innumerable), desde este lado celebramos que la oposición haya consolidado su papel de contrapeso en el país, de que tengamos caras y voces que representen a los que pensamos distinto al oficialismo, y de que haya discursos para todos los gustos en el Hemiciclo. Aun sin lograr mayor éxito, la oposición ha podido poner en la palestra política (y no sólo mediática como hizo entre 2004-2010) temas de verdadero interés, que el chavismo siempre buscó desechar o esconder, algo que todavía logra con mediano éxito.

El gran virus de estos 365 días es que, a falta de tres meses para que los diputados cumplan su primer año en su nuevo cargo público, ya estén (y desde hace rato) pensando en un cargo público distinto, y centrando en buena medida sus esfuerzos en ello. No es fácil hacer dos trabajos a la vez y resulta casi imposible hacer dos cosas bien al mismo tiempo, por lo que el exceso de candidaturas entre los diputados ha afectado a la oposición.

Puntos a resaltar: diversos diputados que han aprovechado sus discursos o que han intentado enfocarse en temas específicos para sacarle provecho a su paso por el Parlamento. Juan Carlos Caldera, Miguel Ángel Rodríguez, Julio Montoya, Alfonso Marquina, Eduardo Gómez Sigala. Para rescatar también el "surgimiento" de Miguel Pizarro, joven que sin tanta bulla mediática previa a su elección, se ha consagrado como el mejor orador de la nueva generación, con papel preponderante en el tema de la Ley del Deporte.