La multiplicidad de factores que forman ese ente tan
amplio que es la oposición complican su eficaz funcionamiento e imagen. Es el
precio que se paga por ser una agrupación democrática. Sin embargo, en muchos
momentos, ese amplio abanico se ha podido organizar bajo la tutela de la Mesa de
la Unidad y de alguien tan respetado como Ramón Guillermo Aveledo.
No es ésta una época sencilla para la alternativa
democrática. Dos jornadas electorales seguidas y con resultados negativos dejan
mareado a cualquiera, y la exigencia de cambios y gritos de críticas son
fáciles de ventilar en esta época, sobre todo a lo interno. La casi obsesión
por el Twitter en Venezuela le hace daño a este sector que quiere un cambio de
gobierno. La carencia grave de espacio en los medios de comunicación masivos y
la falta de representación en las instituciones hace que miles de dirigentes y
ciudadanos se refugien en una herramienta digital que funciona casi como un búmeran.
En ese escenario es que la oposición ha estado
dividida desde que el Presidente Chávez se fue a Cuba, y dada la importancia
que le damos a todo el que escriba 140 caracteres con poca o nada de
argumentación, los problemas internos han saltado a la realidad y empañan hoy
en día la imagen de una alianza política que hasta hace poco lucía como la más
sólida para llenar el vacío que pudiera dejar el “Comandante-Presidente”.
La libertad plena de esta red social, su limitado
espacio para explicarse, la rapidez con la que fluye y el anonimato que
posibilita la hacen ideal para llamados radicales, caminos cortos que aunque en
su mayoría rechazan salidas violentas, no explican cómo se recorrerían con
reglas democráticas. En Twitter se llama a desconocer al gobierno de Maduro,
sin que en se cristalice una acción o se explique cómo se come eso; se llama a
la presencia en las calles sin dar el primer paso para movilizar a miles de
personas; se piden reacciones de la dirigencia opositora sin que se diga cuáles
deben ser éstas o (sobre todo) a qué nos podrían llevar.
Nuestra ceguera con las redes sociales hace que las
estemos viendo como un fin en sí mismo. Como si escribir esas pocas palabras
conlleve a un cambio real, como si alcanzar el “Trending Topic” genere algún
tipo de presión en las autoridades.
Así pues, la oposición ha estado cayendo en sus
propias zancadillas, nacidas en Internet y multiplicadas luego en sus pocos
espacios mediáticos por periodistas y dirigentes quienes, muchas veces sin
intención, han magnificado mensajes radicales de dirigentes con poco peso real
o legitimidad entre la ciudadanía.
Es hora de que la MUD vuelva a tomar las riendas. Por muchas semanas ha lucido inoperante, lenta
en la toma de decisiones o débil en la contundencia de declaraciones. Los
partidos han vuelto a declarar cada uno por su lado, con rostros que dicen poco
y divisiones que cuestan mucho. Nuevamente hay que unificar las fuerzas
tanto en lo político como en lo mediático, atacar cada tema con la relevancia
que merece y en los escenarios correctos, no en nuestro mismo círculo. Definir las acciones a tomar y prevenir escenarios inesperados en el corto y mediano plazo.
En ese sentido hay señales positivas. La batuta en este reagrupamiento parece estar dándolo la bancada opositora en la Asamblea Nacional, la cual ha venido emitiendo declaraciones
conjuntas y contundentes, con la presencia de todos los factores, siempre que ha
surgido un tema controversial. La creación de la llamada “Comisión 16” va por
ese camino de rechazar el silencio por el que quiere encerrarlos el gobierno, y
representar de forma unificada a casi la mitad del país.
Entendamos que de Twitter sólo estamos pendientes
nosotros mismos, los más aficionados al acontecer político, los que “seguimos”
a tales o cuales dirigentes, y que a la mayor parte de los venezolanos sólo
llega una mínima parte de todo el ruido que genera la oposición. Por eso el mensaje
debe ser claro y unificado, para no desorientar a los pocos oídos que, más allá
de las redes sociales, están pendientes de escucharlo.
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