martes, 5 de marzo de 2013

La Venezuela después de Chávez

Publicado en USAHispanicPress.com


A pesar de que la sensación poco optimista reinaba desde hace algunos días entre los voceros del gobierno, y Caracas se enredaba en una gigantesca red de rumores, el anuncio oficial de la muerte de Hugo Chávez tiene un peso significativo en el presente político del país, así como en su historia.

Además del sentimiento de tristeza y preocupación que representa para la mayoría (chavistas y opositores respectivamente), deja claros los actores que a partir de ahora tendrán la responsabilidad de conducir al país. Ya no habrá manera de refugiarse en Chávez ni habrá otro tema político que no sea la elección presidencial que debe convocarse.

Nicolás Maduro recibe una situación muy delicada que debe controlar: no sólo el peso de más de 8 millones de voluntades que recién en octubre respaldaron a Chávez, sino la paz de un país acostumbrado a estar dividido, a recibir insultos oficiales y, constantemente, llamados a enfrentamientos.

En esto, el vicepresidente comenzó mal: sólo 4 horas antes de oficializar la muerte de Chávez, Maduro le dijo al país que el cáncer del Presidente podía haber sido generado por sus enemigos, nacionales o internacionales, declaración irresponsable, sin ningún tipo de pruebas, que convertiría la muerte del "Comandante" en un asesinato.

Por su parte la oposición debe ser respetuosa: a pesar de que algunos sientan ánimos de celebrar, el liderazgo debe hacer entender la delicada hora que atraviesa la patria, llamar a la calma a seguidores y a gobernantes y exigir, que tras el merecido luto, se llamen a elecciones, como manda la Constitución: 30 días después de la falta absoluta.

Si esto, por motivos técnicos o burocráticos, no pudiera cumplirse, se deben alcanzar acuerdos entre las dos partes para que los comicios se celebren en un plazo prudencial, por ejemplo, entre finales de abril y mayo.

Una reacción más radical o de júbilo de algún sector importante de la oposición, sólo caldearía más los ánimos, y alejaría las opciones de que alguna parte del chavismo moderado respalde a Henrique Capriles, el más que probable abanderado de la "alternativa democrática".

Venezuela seguirá, con sus mismos problemas y su misma realidad, pero no será un futuro inmediato normal. No estará un hombre que superó los límites de la democracia y asumió un exceso de responsabilidad y poder dentro del Estado. Maduro probablemente reciba un empujón sentimental muy fuerte, que lo lleve a vencer en unas inmediatas elecciones, pero el chavismo no será lo mismo. El juego político cambiará y la población no será con él y su círculo tan condescendiente como lo fue con Chávez, quien se retira invicto, sólo superado por Dios y una ilimitada ambición de poder, que evitó que supiera dar un paso al costado para enfrentar a su rival más fuerte: el cáncer. Paz a su alma, y paz para Venezuela.

@JDeBastos

miércoles, 6 de febrero de 2013

Bancadas, mayorías y saltos de talanqueras

Ante las dudas surgidas sobre el número de diputados en el oficialismo y la oposición, luego del salto de talanquera en vivo y directo del representante del estado Sucre Hernán Núñez, colocamos a continuación la lista de los 165 diputados presentes en la Asamblea Nacional.

Debido a que en el Parlamento nacional no se cuentan nominalmente los votos (como debería hacerse), existen dudas sobre la pertenencia de algunos diputados, principalmente los tres del estado Monagas que se alejaron del PSUV luego del conflicto surgido con el ex-gobernador José Gregorio "el Gato" Briceño. De momento los consideramos miembros de la bancada opositora, o al menos no como miembros de la bancada oficialista.

Oficialismo (PSUV-PCV-Disidentes MUD):

Amazonas:
1- César Sanguinetti
 Anzoátegui:
2- Earle Herrera
3- Jesús Paraqueima (electo por PODEMOS con la MUD)
Apure:
4- Orlando Zambrano
5- Juan García
6- Jhonny Salgueiro
7- Cristóbal Jiménez
Aragua:
8- Rosa León
9- José Hernández
10- Betty Croquer (principal debido a la muerte de Carlos Escarrá)
11- Elvis Amoroso
12- María León
Barinas:
13- Jesús Graterol
14- Eduardo Lima
15- Zulay Martínez
16- Maigualida Santana
17- Geovanni Peña
Bolívar:
18- Adel el Zabayar (principal debido a nombramiento de Rafael Gil Barrios en la CVG)
19- Tito Oviedo
20- Richard Sosa
21- Nancy Ascensio
22- Liris Sol Velásquez
23- Victoria Mata
Carabobo:
24- Miriam Pérez
25- Héctor Agüero
26- José Ávila
27- Saúl Ortega
28- Asdrúbal Colina
29- Lesbia Castillo (principal debido a nombramiento como Ministro de Francisco Ameliach)
Cojedes:
30- Loidy Herrera
31- Alejandro Villanueva
32- Yul Jabour (PCV, principal debido a elección de Érika Farías gobernadora de Cojedes)
Delta Amacuro:
33- Alfredo Rojas
34- Loa Tamaronis
35- Carlos Gómez (principal debido a elección de Yelitze Santaella gobernadora de Monagas)
36- Henry Hernández
Distrito Capital:
37- Germán Peñate (principal debido a elección de Aristóbulo Istúriz gobernador de Anzoátegui)
38- Freddy Bernal
39- Robert Serra
40- Jesús Faría
41- Darío Vivas
42- Juan Carlos Alemán
43- Tania Díaz (principal debido a nombramiento de Cilia Flores como Procuradora)
Falcón:
44- Andrés Eloy Méndez
45- Jesús Montilla
46- Henry Ventura
47- Fernando Soto Rojas
Guárico:
48- Jesús Cepeda
49- Roger Cordero
50- Alfredo Ureña
51- Óscar Figuera (PCV)
Lara:
52- Alexander Torrealba
53- Francisco Martínez
54- Isabel Lameda
55- Alexander Dudamel
56- Julio Chávez
57- Luis Reyes Reyes (Su suplente, Pedro Carreño es el líder de la bancada)
Mérida:
58- Mary Mora (principal debido a elección de Alexís Ramírez gobernador de Mérida)
59- Ramón Lobo
60- Guido Ochoa
61- Diógenes Andrade
Miranda:
62- Juan Soto
63- Marlenys Contreras
64- Modesto Ruiz
65- Claudio Farías
66- Elio Serrano
67- Luis Camargo (principal debido a designación de Héctor Navarro como ministro)
68- William Ojeda (electo por UNT con la MUD)
Monagas:
69- Orangel López
70- Diosdado Cabello
Nueva Esparta:
71- William Fariña
Portuguesa:
72- Silvio Mora
73- Enzo Cavallo Russo
74- Nelson Escobar
75- César González
76- Blanca Eekhout
Sucre:
77- Erick Mago
78- Algencio Monasterio
79- Amanda Jiménez (principal debido a elección de Luis Acuña gobernador de Sucre)
80- Hernán Núñez (electo con la MUD)
Táchira:
81- Edgar Lucena (PCV, principal debido a nombramiento de Iris Varela como ministra)
82- Ricardo Sanguino
Trujillo:
83- Christian Zerpa
84- José Morales
85- Hugber Roa
86- Manuel Briceño
Vargas:
87- Odalis Monzón
88- Gladys Requena
89- Oswaldo Vera
Yaracuy:
90- Néstor León Heredia
91- Yorman Aular
92- Carlos Gamarra
93- Braulio Álvarez
Zulia:
94- Jhony Bracho
95- Sergio Fuenmayor
96- Carmen Bohorquez (principal debido a elección de Arias Cárdenas gobernador de Zulia)
Zonas Indígenas:
97- José Luis González
98- Argelio Pérez

Bancada oposición (Partidos MUD + MPV ex-PPT + Disidentes PSUV)

Amazonas:
1- Julio Ygarza (electo por el PPT, ahora MPV)
2- Nirma Guarulla (electo por el PPT, ahora MPV)
Anzoátegui:
3- Rodolfo Rodríguez (su suplente, Carlos Vargas, se separó de la MUD pero no pasó al chavismo)
4- Jacinto Romero Luna
5- Carlos Michelangeli
6- Richard Arteaga
7- Marcos Figueroa
8- Antonio Barreto Sira
Apure:
9- Miriam Berdugo de Montilla
Aragua:
10- Richard Mardo
11- Hiram Gaviria
12- Ismael García
Barinas:
13- Julio César Reyes
Bolívar:
14- Américo de Grazia
15- Andrés Velásquez
Carabobo:
16- Carlos Berrizbeitia
17- Deyalitza Aray
18- Vestalia Sampedro
19- Michelle Cocchiola
Cojedes:
20- Dennis Fernández
Distrito Capital:
21- Richar Blanco
22- Stalin González
23- Dinorah Figuera
Falcón:
24- Gregorio Graterol
25- Eliezer Sirit
Guárico:
26- José Manuel González
Lara:
27- Eduardo Gómez Sigala
28- Edgar Zambrano (su suplente, Andrés Avelino, se separó de la MUD pero no pasó al chavismo)
29- Alfredo Ramos
Mérida:
30- Willian Dávila
31- Carlos Ramos
Miranda:
32- Alfonso Marquina
33- María Corina Machado (su suplente, Ricardo Sánchez, se separó de la MUD pero no pasó al chavismo)
34- Enrique Mendoza
35- Juan Carlos Caldera
36- Julio Borges
Monagas:
37- Juan Pablo García
38- María Aranguren (electa por el PSUV, disidente junto al ex gobernador Briceño)
39- Nelson Rodríguez Parra (electo por el PSUV, disidente junto al ex gobernador Briceño)
40- Jesús Domínguez (electo por el PSUV, disidente junto al ex gobernador Briceño)
Nueva Esparta:
41- Orlando Ávila
42- Morel Rodríguez Jr
43- Tobías Bolívar
Portuguesa:
44- Iván Colmenares
Sucre:
45- Hermes García
46- César Rincones
Táchira
47- Leomagno Flores
48- Gabino Paz
49- Abelardo Díaz
50- Miguel Ángel Rodríguez
51- Homero Ruiz
Trujillo:
52- Enrique Catalán
Vargas:
53- Bernardo Guerra
Yaracuy:
54- Biaggio Pillieri
Zulia:
55- Juan Romero
56- William Barrientos
57- Nora Bracho (principal de facto por José Sánchez "Mazuco", antiguamente detenido)
58- Enrique Márquez
59- Tomás Guanipa
60- Elías Matta
61- Julio Montoya
62- Hernán Alemán
63- Mervin Méndez
64- Freddy Paz
65- Omar Barboza
66- Alfredo Osorio
Indígena:
67- Arcadio Montiel

De mantenerse esta situación, 98-67, el oficialismo estaría a un voto de poder aprobar una Ley Habilitante (tres quintos, 99 votos) pero todavía distante de los 2/3 para la mayoría calificada, necesaria para elección de Magistrados, rectores del CNE, y otras tantas decisiones.

Cualquier duda o corrección de este cuadro, hágamenlo saber en mi Twitter @JDeBastos




viernes, 1 de febrero de 2013

Más MUD, menos Twitter


La multiplicidad de factores que forman ese ente tan amplio que es la oposición complican su eficaz funcionamiento e imagen. Es el precio que se paga por ser una agrupación democrática. Sin embargo, en muchos momentos, ese amplio abanico se ha podido organizar bajo la tutela de la Mesa de la Unidad y de alguien tan respetado como Ramón Guillermo Aveledo.

No es ésta una época sencilla para la alternativa democrática. Dos jornadas electorales seguidas y con resultados negativos dejan mareado a cualquiera, y la exigencia de cambios y gritos de críticas son fáciles de ventilar en esta época, sobre todo a lo interno. La casi obsesión por el Twitter en Venezuela le hace daño a este sector que quiere un cambio de gobierno. La carencia grave de espacio en los medios de comunicación masivos y la falta de representación en las instituciones hace que miles de dirigentes y ciudadanos se refugien en una herramienta digital que funciona casi como un búmeran.

En ese escenario es que la oposición ha estado dividida desde que el Presidente Chávez se fue a Cuba, y dada la importancia que le damos a todo el que escriba 140 caracteres con poca o nada de argumentación, los problemas internos han saltado a la realidad y empañan hoy en día la imagen de una alianza política que hasta hace poco lucía como la más sólida para llenar el vacío que pudiera dejar el “Comandante-Presidente”.

La libertad plena de esta red social, su limitado espacio para explicarse, la rapidez con la que fluye y el anonimato que posibilita la hacen ideal para llamados radicales, caminos cortos que aunque en su mayoría rechazan salidas violentas, no explican cómo se recorrerían con reglas democráticas. En Twitter se llama a desconocer al gobierno de Maduro, sin que en se cristalice una acción o se explique cómo se come eso; se llama a la presencia en las calles sin dar el primer paso para movilizar a miles de personas; se piden reacciones de la dirigencia opositora sin que se diga cuáles deben ser éstas o (sobre todo) a qué nos podrían llevar.

Nuestra ceguera con las redes sociales hace que las estemos viendo como un fin en sí mismo. Como si escribir esas pocas palabras conlleve a un cambio real, como si alcanzar el “Trending Topic” genere algún tipo de presión en las autoridades.

Así pues, la oposición ha estado cayendo en sus propias zancadillas, nacidas en Internet y multiplicadas luego en sus pocos espacios mediáticos por periodistas y dirigentes quienes, muchas veces sin intención, han magnificado mensajes radicales de dirigentes con poco peso real o legitimidad entre la ciudadanía.

Es hora de que la MUD vuelva a tomar las riendas. Por muchas semanas ha lucido inoperante, lenta en la toma de decisiones o débil en la contundencia de declaraciones. Los partidos han vuelto a declarar cada uno por su lado, con rostros que dicen poco y divisiones que cuestan mucho. Nuevamente hay que unificar las fuerzas tanto en lo político como en lo mediático, atacar cada tema con la relevancia que merece y en los escenarios correctos, no en nuestro mismo círculo. Definir las acciones a tomar y prevenir escenarios inesperados en el corto y mediano plazo.

En ese sentido hay señales positivas. La batuta en este reagrupamiento parece estar dándolo la bancada opositora en la Asamblea Nacional, la cual ha venido emitiendo declaraciones conjuntas y contundentes, con la presencia de todos los factores, siempre que ha surgido un tema controversial. La creación de la llamada “Comisión 16” va por ese camino de rechazar el silencio por el que quiere encerrarlos el gobierno, y representar de forma unificada a casi la mitad del país.

Entendamos que de Twitter sólo estamos pendientes nosotros mismos, los más aficionados al acontecer político, los que “seguimos” a tales o cuales dirigentes, y que a la mayor parte de los venezolanos sólo llega una mínima parte de todo el ruido que genera la oposición. Por eso el mensaje debe ser claro y unificado, para no desorientar a los pocos oídos que, más allá de las redes sociales, están pendientes de escucharlo.

jueves, 20 de diciembre de 2012

El “síndrome de Turgua”: la abstención no es una respuesta en sí misma



Turgua es una pequeña población en el municipio El Hatillo, al sureste de la Gran Caracas. En los últimos meses ha ocupado espacios en la prensa nacional debido a los derrumbes que han trancado sus vías de comunicación. Turgua es, al igual que la mayor parte de las zonas rurales y de bajos recursos del resto del país, determinantemente chavista, con respaldos al presidente y su partido que rondan el 70%.

Ahora bien, en un municipio tan claramente anti-chavista, la abstención es un factor clave en esta población. Cada vez que la elección es nacional (ya sea presidencial o referéndum), la movilización en Turgua es amplia y la abstención se ubica en el promedio nacional. Sin embargo, cuando la elección es regional, municipal o parlamentaria, la abstención se dispara a niveles superiores que el resto del país, del estado Miranda o del municipio El Hatillo.

Sin haber hecho encuestas en la zona para comprobar tal teoría, mi suposición es que los ciudadanos de Turgua se ven desmotivados a ir a votar en los comicios en los que sienten que serán derrotados. Mientras más cercano es el representante a elegir, más peso tiene el voto global de El Hatillo y, por ende, más opciones tiene de ser electo por la clara mayoría opositora, desincentivando pues el voto chavista de esta región mirandina.

Algo así ocurrió el pasado domingo 16 de diciembre en las elecciones regionales. El porcentaje de abstención nacional (47,88%) se ve inflado por casos particulares donde la ausencia fue excesiva. Lo mismo ocurre si nos centramos en el voto opositor, el cual, si comparamos con el 7 de octubre, disminuyó en 2.136.005, es decir, una “abstención opositora” (sobre ese supuesto techo alcanzado hace dos meses) de 35,80%.

Pero el domingo no hubo una elección nacional, por tanto el análisis que muchos hacían esa misma noche es apresurado. La abstención como tal, sola y sin más, no es una respuesta al mal resultado del domingo. En todo caso debería ser la primera parte de una pregunta. ¿Por qué tanta abstención y por qué en ciertos estados? ¿Cómo logró Liborio Guarulla movilizar más votos por sí mismo que Capriles en la elección presidencial? ¿Cómo voltearon Henri Falcón y Capriles las tendencias en sus estados y cómo permitieron Pérez Vivas y Lester Rodríguez que les voltearon las cifras a ellos? Aquí algunos detalles.

La percepción y el candidato sí son importantes


Amazonas es el único estado en donde la oposición, en términos absolutos, aumentó su votación del 7O al 16D. Subió de 33.107 a 34.597, y el único en donde la abstención del domingo fue inferior a la de la elección regional de 2008. ¿Ocurre esto porque los amazonenses entendieron la trascendencia de esta elección, la implicación de las comunas, el futuro del chavismo sin Chávez y la vida misma de la oposición, a diferencia de sus vecinos apureños que se abstuvieron un 50%? No.

En Amazonas existe un liderazgo fuerte y popular, un dirigente que ha sabido crear una maquinaria y una simpatía entre sus ciudadanos, y los moviliza con impresionante efectividad. En Apure, en cambio, hay mucho del “síndrome de Turgua”. Más allá de algunas consideraciones que se puedan hacer sobre el propio candidato, la abstención opositora, con relación al 7O, fue de 57,97%, mientras el chavismo se movilizó de manera importante (mantuvo 75% de su voto). Los apureños opositores perciben que van a perder, que la diferencia entre ambos bloques es demasiada y pierden el incentivo de ir a votar, más aún tras sólo dos meses de una dolorosa derrota presidencial.

Lo mismo ocurrió en otros estados notablemente rojos: Delta Amacuro (69,02% de abstención opositora), Guárico (62,97%), Portuguesa (61,04%), y Trujillo (72,34%). La presunción de derrota, sumada a probables carencias del candidato (algo que debe analizarse más en profundidad) conllevaron a derrotas por paliza. Caso aparte es el de Vargas, en donde si bien el chavismo es dominante, el desplome opositor tuvo proporción histórica.

¿Por qué un candidato no puede ‘esconderse’ simplemente hablando de abstención? Porque los buenos candidatos motivan y movilizan. A pesar de buscar el triunfo en territorio rojo, Julio César Reyes en Barinas y Alberto Galindez en Cojedes mejoraron los índices opositores del 7O y movilizaron un mayor porcentaje de votantes que el chavismo. Algo similar ocurrió en Monagas si se suman los respaldos del “Gato” Briceño y Soraya Hernández, y en Aragua, donde es de resaltar que la movilización opositora fue hasta 10 puntos porcentuales mejor que la del chavismo.

¿Por qué ganan Capriles y Falcón y se pierde en Mérida, Táchira, Zulia, Carabobo o Nueva Esparta? Cada caso merecería una consideración especial, pero es claro que en Miranda y Lara el elector común se ve motivado a votar por alguien a quien ven como un líder. En ambos estados menos de un cuarto del voto opositor se abstuvo, algo que hace pensar que algunos votos de Chávez el 7O fueron a parar a la tarjeta de Capriles o Falcón el 16D. Lo mismo, pero en la otra dirección, pasó en Mérida y Táchira. Los liderazgos opositores no motivaron al votante, y el respaldo a Capriles hace dos meses no se transformó en un respaldo este domingo, con muy posible cruce de votos.

Vielma Mora fue una selección inteligente en las filas del PSUV, ya que siempre ha generado atracción en sectores de oposición, quienes le dieron la espalda a César Pérez Vivas. En Mérida la “abstención opositora” fue de 51,52% y seguro que no todos se fueron anticipadamente de vacaciones navideñas. Desde los Andes llegan muchas críticas sobre una floja campaña de Lester Rodríguez, quien según dicen se confió en el resultado del 7O y las candidaturas divididas del chavismo. Esto sumado a la desaprobación que tiene como alcalde de la capital merideña.

En Zulia hubo un esfuerzo por mantener la gobernación. Es de hecho el segundo estado con menor desmovilización del voto opositor (17,02%), pero la cuesta a remontar con relación a la elección presidencial era demasiado amplia (El chavismo también se movilizó notablemente por Arias Cárdenas, tan sólo 21,92% de abstención). En Carabobo en cambio hubo desmotivación de ambos sectores, lo que indica un claro cansancio en el liderazgo ininterrumpido de los Salas en la oposición. 40,49% de los votantes de Capriles el 7O no respaldaron al “Pollo”, algo que se acentuó en Valencia en donde la oposición no alcanzó 50% por primera vez desde 2006.

En definitiva, la abstención siempre es un factor a tomar en cuenta pero no es una respuesta en sí misma. Si se da en un porcentaje anormal debe revisarse por qué. En 2007 la abstención favoreció a la oposición en el triunfo de la Reforma Constitucional, porque buena parte del chavismo no estaba de acuerdo con cambios tan pronunciados en la Carta Magna, no porque les haya dado flojera ir a votar. Obviamente la fecha de esta elección conllevó al ausentismo de algunas personas que ya estaban de vacaciones, y que se celebraran tan sólo dos meses después de la presidencial implicaba un posible luto del perdedor. Pero entendamos que en aquel momento se ganaron 2 de 23 estados, y en esta ocasión se obtuvieron 3, de mucho mayor peso electoral, político y mediático.

Debe quedar claro que la gente no es opositora o chavista sin más, y que en ambos bandos el votante necesita algo (o alguien) que lo motive a movilizarse evento, tras evento, tras evento.

@JDeBastos

jueves, 13 de diciembre de 2012

Las opciones opositoras del 16D


El sistema político venezolano no es ni parlamentario ni proporcional. Esto lleva a que un grupo político con poco más de la mitad de los respaldos pueda tener un control absoluto del Estado. La oposición, que suele superar 40% de los votos, puede quedar reducida hasta las mínimas expresiones, generándose una imagen falsa de lo que es el país: una sociedad polarizada, partida en dos grandes bloques, uno mayor al otro pero no de forma hegemónica.

En este contexto (y lo hemos notado claramente desde 2008) son los gobiernos descentralizados los “encargados” de mostrar la división del poder, la proporcionalidad de la sociedad venezolana, para crear una red de seguridad de la democracia a través de figuras con legitimidad electoral que contrarresten al poder nacional.

Esta red gana más peso ahora, apenas dos meses después de la revalidación de ese poder nacional que buscar ser aplastante. La oposición venezolana debe convencer a los votantes de que no hay tiempo para lamentos o teorías de conspiración: deben salir a votar una y otra vez, convenciéndose de que hay finales felices y de que cada elección es fundamental y su resultado tiene consecuencias inmediatas en la vida diaria.

Este no es un objetivo nada sencillo, sobre todo luego de tantas elecciones y un 7O que dejó una dura derrota a la oposición y que, si se calca el 16D, dejaría apenas dos gobernaciones a la alternativa al chavismo.

Sin embargo, ese resultado parece haber dicho también otras cosas: comparado con la historia electoral reciente, denota que muchos electores son capaces de cruzar su voto, y de apoyar a Chávez para presidente pero a opositores como gobernadores o alcaldes. Demuestra que hay dirigentes con peso propio y que, hasta en el escenario más difícil, la oposición está creciendo.

Más valen tres gallos que un pollo

A partir de ahí se trazan los nuevos objetivos y escenarios: la oposición puede salir fortalecida de las elecciones regionales (aunque parezca mentira); la oposición puede quedar en una posición similar a la que ha tenido desde 2008; la oposición puede quedar peligrosamente reducida y dejarle al chavismo una vía libre para la implementación de sus políticas más radicales.

Hay 4 gobernaciones con altísima importancia que reúnen características particulares: alta población, resonancia mediática, interés político y simbolismo: Zulia, Miranda, Carabobo y Lara. Al día de hoy las 4 tienen gobernadores de la Mesa de la Unidad, aunque sólo 3 de ellos fueron electos en tal condición (Henri Falcón se separó del PSUV en 2010).

La oposición sabe que sus esperanzas postelectorales pasan por ellas 4. Hace dos meses, se perdieron esos estados aunque en circunstancias muy distintas. Sin Chávez en el tarjetón, todo hace pensar que Miranda y Lara quedarán con Capriles y Falcón al mando, mientras que la historia electoral, y las encuestas, hacen pensar que Zulia podría seguir con Un Nuevo Tiempo en el gobierno.

La situación en Carabobo es distinta. El estado dominado por Proyecto Venezuela está en seria amenaza de caer en manos de Ameliach y el PSUV. La verdad es que, aunque suele entrar en los ‘estados opositores’, la alternativa a Chávez sólo obtuvo ahí una victoria convincente en las parlamentarias de 2010 (100 mil votos de ventaja). En las demás ha dominado el chavismo, que incluso habría ganado la gobernación hace 4 años, de no ser por la división entre Mario Silva y Acosta Carlez. El poder y la relevancia de la familia Salas están en juego.

La batalla de oriente y la ventaja andina

En Táchira y Mérida la oposición debería llevarse el triunfo si la participación es medianamente normal. Ambos estados andinos han ido consolidando sus posturas opositoras y fueron los únicos en donde Capriles logró mayoría en la elección presidencial. A pesar de la división en Táchira y las críticas a Lester Rodríguez por su labor en la alcaldía de Mérida, la MUD debe imponerse. (William Méndez tiene poco respaldo y el chavismo tiene una importante división en Mérida).

Ya aquí la oposición podría salir con una sonrisa. Si se mantienen los estados claves de Zulia, Miranda y Lara, con tres líderes de proyección nacional, y a ellas se le añaden el dominio en Táchira y la conquista definitiva de Mérida (gobernado por el chavismo desde 2000), la MUD salvaría los papeles, repitiendo el mismo número de gobernaciones de 2008 y la relevancia de varios de sus principales líderes.

Un cambio más significativo se podría dar en el oriente del país. Habitualmente dominado por el chavismo, la situación es hoy bastante pareja y la oposición llega con opción en todos los estados (excepto Delta Amacuro).

Anzoátegui tiene varios procesos coqueteando con la oposición y podría darle el triunfo a Barreto Sira. Enfrente, sacar a Tarek William Saab de la contienda fue una movida inteligente de Chávez, aunque ya se verá si las disputas internas no los llevan a una derrota. En Monagas la oposición como tal no tiene chance, pero “el Gato” Briceño podría mantener su dominio ahora separado del PSUV. Bolívar también viene mostrando símbolos de cansancio con el oficialismo, aunque éste también existe con la figura de Andrés Velásquez, electo ahí por primera vez hace 23 años. En Nueva Esparta la situación también es compleja. El chavismo suele dominar las elecciones nacionales y Morel Rodríguez las regionales, aunque su liderazgo se ha reducido luego de gobernar 14 de los últimos 23 años.

La oposición también llega con opciones en Amazonas, Aragua y el estado Sucre. Liborio Guarulla ganó la gobernación hace apenas dos años, ya separado del chavismo, y busca defender su liderazgo que, al igual que el de Morel, supera la década. En Aragua el triunfo de Richard Mardo sería histórico y un notable éxito para él y su equipo, en un estado tradicionalmente ligado al chavismo y a fuerzas de izquierda (siempre venció el MAS o el chavismo). El resultado del 7O fue contundente a favor de Chávez pero la influencia de Mardo y el desconocimiento de la región por parte de Tarek El Aissami pueden generar la sorpresa.

Algo similar pasa en Sucre. Hernán Núñez ya lideró un gran resultado en 2010 para la oposición en un estado siempre dominado por fuerzas de izquierda ‘radical’. De haberse enfrentado al actual gobernador Maestre, el triunfo opositor sería casi seguro, pero la candidatura de Luis Acuña acerca la victoria al PSUV.

Las demás 9 gobernaciones deberían ser claros triunfos para el chavismo, y la misión de la oposición debe ser reducir las distancias. Según lo expuesto y lo visto en los últimos meses considero que la oposición va a lograr entre 6 y 10 gobernaciones, aunque caerá en Carabobo. Eso sí, todo dependerá de la movilización y de cómo impacte la enfermedad de Chávez al electorado, el cual puede reaccionar mucho más cohesionado en ambos bandos, algo que al final favorece al chavismo.

lunes, 22 de octubre de 2012

Una ventaja insalvable



La verdad es que los opositores nos dejamos llevar por los mejores símbolos de los días previos a la elección. Había señales mixtas, algunas buenas pero muchas otras malas, y la amplísima mayoría de nosotros preferimos quedarnos con las buenas y olvidarnos del resto. Así llegamos al 7 de octubre, con la certeza de que íbamos a ganar, de que esta vez sí sería vencido en las urnas el Presidente Chávez, y la verdad es que ni se nos pasó por la mente la posibilidad de su reelección.

Casi por azar o para no “empavarlo”, la mayoría de los opositores no quisimos manejar ese escenario posible de triunfo del chavismo, y en cualquier caso, si se nos pasaba por la cabeza, era sólo en una cerradísima batalla, en la que Chávez hubiera ganado con poco más de la mitad más uno de los votos.

Ciertamente los aires esperanzadores, no infundados pero quizás sí excesivos, hicieron que la noche del 7 y el amanecer del 8 fueran mucho peor de lo que en otras ocasiones hubiéramos podido esperar, porque, si se hizo todo lo que se hizo, desde las primarias hasta el recorrido pueblo a pueblo de todo el país, ¿cómo es que la diferencia puede ser tal?

La verdad es que el triunfo de Chávez era un escenario que había que plantearse. No era ninguna locura pensarlo y no se debió reprochar o censurar a tantas encuestadoras que así lo asomaban, al menos no a las que anteriormente hemos considerado serias. Que el Presidente obtuviera más de la mitad de los apoyos era algo para lo que debíamos estar mejor preparados en la noche del 6 de octubre, teniendo en mente siempre las ventajas comunicacionales, monetarias y de coacción del gobierno.

Sin embargo, en la jornada electoral hubo un crack. Ese crack que muchos analistas y dirigentes opositores pensaban que se transformaría en una avalancha de votos para Capriles, y que sellaría su triunfo por más de un millón de ventaja, fue en verdad un crack favorable al gobierno, que mostró su poderío real, el cual sobrepasó a cualquier acción o plan opositor, con una maquinaria ilegal e inalcanzable para cualquier partido que no esté en el gobierno, y para cualquier partido de gobierno en una democracia más sana que la nuestra.

Lo que el PSUV y sus aliados movieron el 7O no fueron cientos de miles de voluntades poco convencidas que necesitaban un “remolque” para acercarse a su centro, sino cientos de miles de personas que seguramente no pensaban votar (de ahí la sorprendentemente baja abstención) o que pensaban hacerlo por el candidato opositor. De hecho, es un error decir que el 7O se movilizó el PSUV, cuando la movilización fue de toda la fuerza del Estado, esa que la Constitución le confiere para ser usada en bienestar de todos y a la cual todos contribuimos con los impuestos.

El crecimiento tan notable de la participación (casi seis puntos porcentuales entre la elección presidencial de 2006 y esta) es la clave para el triunfo abrumador del gobierno. Éste movilizó no sólo a sus militantes fieles o seguidores "light", sino también a centenares de miles de personas que habitualmente no participan o que no tenían pensado hacerlo nuevamente por la opción del chavismo. Centenares de miles de personas que están amarradas al gobierno en una relación de supervivencia, a través de las misiones (sobre todo la más reciente Gran Misión Vivienda Venezuela), a través de los refugios o desde las cárceles.

Quizás falten más testimonios para poder verificar en detalle esta situación, pero si bien el grito de fraude es una ridiculez de unos pocos que no quieren aceptar la realidad, es también ridículo pensar que vivimos en el sistema democrático más limpio del planeta, cuando la ventaja de un candidato es absolutamente inalcanzable para el otro, sea cual sea la ley que esté escrita, el dinero que éste recabe o los recorridos que haga por el país. Sólo el candidato-gobierno tiene acceso (ilegítimo) a los recursos para desplegarse por todo el país, los vehículos para movilizar, las armas para amenazar, y sobre todo la oferta de promesas (listas de espera por vivienda en mano) para coaccionar.

El resto es complementado por el sistema electoral y los discursos flotantes de la última década: miedo a que el voto no sea secreto, miedo a la captahuellas y las dudas que genera, o el hecho simple de que un candidato esté claramente en la parte alta del tarjetón y el otro claramente en la parte baja (miedo a ser visto marcando el lado que no es), e incluso los cambios a última hora que hacían nulo un voto a una persona a pesar de estar viendo su nombre y su rostro.

Esta serie de irregularidades, múltiples, diversas y claramente influyentes, puede que, sin embargo, no hayan determinado el resultado. Puede ser que sin este despliegue del chavismo el 7 de octubre el triunfo hubiera sido de todas maneras para Chávez, aunque sin duda tal accionar fue clave para que hayamos visto unos resultados tan abultados.

Los gritos de fraude son inoportunos y errados, sobre todo en la forma en que son transmitidos. Alimentan el miedo en una parte de la población que, como vemos, puede ser determinante. Fraude no fue lo que pasó en la reciente elección presidencial. A nadie le revelaron el secreto del voto, ninguna máquina volteó ningún resultado ni fueron creados dos millones de electores ficticios. Más de 8 millones de individuos acudieron a su centro electoral y marcaron la opción de Chávez. El problema radica en cuántos lo hicieron con esa voluntad, cuántos votaron por él libremente y cuántos que no pensaban acudir a su centro, fueron coaccionados a ir.

El agrado de buena parte de la ciudadanía (no necesariamente la mayoría) por el Presidente se mantiene, de eso nadie debe tener dudas. La pregunta que quedará sin respuesta es si una mayoría de venezolanos que la noche del 7 de octubre habían efectivamente votado por Chávez, pensaban hacerlo la noche anterior.

El resto es historia. La oposición está y probablemente seguirá acorralada, con la posibilidad de hacer reclamos pero sabiendo que éstos no serán remediados. Criticando en su justa medida al CNE y al sistema electoral, pero con la necesidad de seguir llamando a votar y a defender el voto, cada vez con más vehemencia para superar los cada vez más grandes obstáculos que todo el Estado coloca para mantener a un mismo grupo en el poder. No queda otra.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Guerra Sucia


Publicado en www.blogsdepolitica.com (España)

Seguramente una proporción muy grande de quienes alrededor del mundo están interesados en la política venezolana, al día de hoy piensan y están convencidos de que el próximo 7 de octubre, Hugo Chávez será electo, una vez más, Presidente de la República Bolivariana. Basarán tal convencimiento en las noticias que llegan desde el norte de Sudamérica: encuestas que le dan amplia ventaja, dirigentes opositores que salen públicamente a criticar al candidato Capriles Radonski, partidos que le retiran su apoyo o aliados cercanos atrapados en presuntos casos de corrupción.

Nosotros, dentro de la propia Caracas, no podemos ir vehementemente en contra de tal convencimiento exterior, y es posible que incluso algún grupo de personas que no piensa votar por Chávez, crea igualmente que él volverá a ser el ganador. Sin embargo, la realidad está muy lejos de ese gran show que ha montado el chavismo durante esta campaña electoral, la más dura que ha tenido que enfrentar, en la que se juega su futuro y por la que ha arreciado sus conocidas estrategias de guerra sucia.

Como ya lo mencionamos en un post anterior, las encuestas en Venezuela no parecen funcionar para determinar lo que ocurrirá en dos domingos. Hay encuestadoras aliadas del gobierno, que no son transparentes con sus funcionamientos, que basan su existencia en declarar vagos números en los canales del Estado (totalmente dominados por el partido de gobierno, PSUV) y que son dirigidas por antiguos funcionarios o asesores del gobierno de Chávez. Son esas las que le dan una ventaja sólida al candidato oficialista, y son las que muchas veces vemos reseñadas en el exterior.

Están otras, más respetadas, que a pocos días de la elección siguen mostrando un altísimo porcentaje de indecisos, algo que no se ve muy a menudo, mucho menos en una elección tan polarizada como la venezolana. Esas también le dan ventaja a Chávez aunque siempre lo han colocado por debajo del 50% de los apoyos y su número de indecisos es mayor a la diferencia entre los dos candidatos.

Finalmente están las menos sonoras, que le dan una leve ventaja a Capriles y cuyos números parecieran mucho más cercanos a la realidad que vive el país desde 2010, cuando la oposición obtuvo más votos que el gobierno.

Pero los verdaderos ataques han sido otros. Desde el 3 de septiembre el oficialismo a través de sus medios (que oficialmente son ‘de todos los venezolanos’), lleva adelante una campaña de desprestigio hacia la oposición y su abanderado. Si bien esa ha sido la base de su programación por años, la evidente paridad en esta elección los ha llevado a otro nivel: buscar propios dirigentes de oposición que critiquen las posturas de Capriles.

Así han desfilado David De Lima (ex gobernador, desaparecido de la primera línea política por años), el diputado William Ojeda (quien denunció en febrero pasado que había ocurrido un fraude en las elecciones primarias para la alcaldía del Municipio caraqueño de Sucre), y el abogado constitucionalista Hermán Escarrá. A los tres los unen varios detalles: fueron en algún momento parte del chavismo, han tenido rencillas internas con dirigentes opositores, en sus declaraciones no rompen con Capriles y su equipo y se muestran ambiguos ante el 7O, y lo más importante, sus críticas van dirigidas hacia un documento no oficial, que dicen ellos es el plan secreto de un posible futuro gobierno, pero que contradice todos los planteamientos que ha llevado la oposición por el país desde febrero pasado.

Curiosamente, tal documento “oculto” es una copia del guión que ha utilizado el chavismo por años para infundir miedo entre el electorado: privatización masiva de todas las empresas del Estado, despido de trabajadores públicos, cierre de programas sociales. Un plan absolutamente innecesario en la Venezuela de bonanza petrolera en la que vivimos, y que ni el más torpe dirigente político se atrevería a redactar.

Luego apareció la más reciente creación del gobierno y sus medios: una grabación de un diputado opositor recibiendo dinero en efectivo de un empresario en un apartamento, tras una breve conversación sobre la campaña. Poco o nada se ha hablado de que tal grabación (con 3 cámaras) y su divulgación vayan en contra de la Constitución, ni de por qué el gobierno esconde la identidad del interlocutor. Tampoco se ha hablado de que lo que hace el diputado no es, al menos de entrada, ilegal: en Venezuela el Estado no aporta dinero a las campañas por lo que todo el dinero que se usa es privado, y en ningún momento el diputado comenta en el video que decidirá algo a cambio de tal respaldo monetario. Aun así, la Opinión Pública juzgó al parlamentario en desgracia y el oficialismo lo trata como un claro criminal corrupto, supuesta muestra de lo que ocurriría en el país de ganar Capriles.

Es cierto que aun dentro del país y analizando todas las encuestas no se puede negar la posibilidad de triunfo de Chávez, pero también parece claro que estos ataques del oficialismo no se tendrían que dar si su ventaja a estas alturas fuera de 25 puntos porcentuales. El problema del gobierno actual es que su candidato, el siempre enérgico e incansable Chávez, sigue muy disminuido por su reciente cáncer, y aunque tal tema ni siquiera se mencione, es claro protagonista de la campaña por las pocas apariciones del Presidente, sus cortos discursos y los frecuentes días en los que no se le ve.

Un contraste demasiado notable con Capriles, quien, a sus 40 años, ha recorrido nada menos que 270 pueblos desde el pasado 1ro de julio, en los que ha caminado, trotado, montado a caballo, sufrido con el sol y la lluvia, en un agotador esfuerzo por superar la maquinaria comunicacional y económica del chavismo, con 14 años de mandato en una democracia cada vez más débil.

¿Quién ganará? No lo puedo adelantar, pero es muy claro que la distancia será corta, mínima quizás, y que demostrará las dos claras mitades en las que se divide el país, con una oposición que ha ido en constante aumento electoral desde 2006, y un chavismo en decadencia, víctima de su sectarismo e ineficiencia, en un país que se inunda tanto de petróleo como de asesinatos, problemas eléctricos e inflación.